Con el CD en baja, las disquerías deben reinventarse para sobrevivir

El CD está en una etapa de rápido retroceso frente al consumo digital de la música, mientras que el vinilo es para un pequeño nicho. En Córdoba quedan muy pocas disquerías, las cuales necesitan encontrar nuevos modelos para seguir adelante en una industria que se achica.

En los últimos tiempos, las disquerías sumaron un problema más a su subsistencia. Efectivamente, además de la presión fiscal y la disminución del nivel de ventas en relación con otros períodos no tan prehistóricos, ahora se suma la certeza de que el CD, el formato que distingue a la industria discográfica, está en franca retirada como fetiche de consumo.

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Porque si bien hace una década la amenaza era la descarga ilegal de música, un recurso que no llegaba a desalentar al melómano, ahora conspira la naturalización de la escucha de música legal por medio de dispositivos móviles. En otras palabras, el consumo de discos por vía de las plataformas de streaming, un hábito que ya formateó a nuevas generaciones. O a los denominados millennials o centennials, para quienes un CD es algo desconocido, cuando no un objeto jurásico e incómodo.

Vamos a los datos duros: según el último informe de Capif (Cámara de Productores Fonográficos), “la venta de formatos físicos mantuvo su tendencia decreciente en términos de valores y llegó a reportar, en 2015, una caída del 76 por ciento (valores constantes en los últimos 10 años), lo cual se explica en particular por la reducción en las ventas de CD. Una excepción a esta tendencia es el crecimiento de las ventas del formato vinilo, que pasó de representar el uno por ciento en 2012 al 10 por ciento en 2015”.

Conjugado con un contexto económico recesivo, esta batería de sucesos despobló a Córdoba de esos espacios de reunión y de debate entre amantes de la música. Citemos algunos casos de cierre por no poder sostenerse: Maria Callas, que se mantuvo por 20 años en el local 37 de la galería Vía de la Fontana ofreciendo clásica y lírica, gracias al empuje del matrimonio de Graciela Díaz y Armando Miccio; Scherzo, que era atendida por Roberto Juszczyk, un sabio consejero en un amplio espectro que va del jazz a la world music; y Etnika, muy enfocada en música del mundo y curada por Daniel Ampuero.

La reconversión

Pero hay sobrevivientes, heroicos sobrevivientes, que han logrado perdurar gracias a una reconversión. Marcelo “Palo” Cáceres es uno. Al frente de Lado B, disquería ubicada en Tucumán 105, reaccionó a tiempo para que la viabilidad de su negocio no dependiera sólo del período de vida útil del CD.

“Dejamos de ser una disquería para convertirnos en centro de entretenimiento donde hay un enfoque cultural concreto: te vendemos la música, pero también la pilcha y la literatura asociada a ella. Trabajamos con marcas que observan a los músicos y cuál es la imagen que proyectan. Y nos preocupamos por analizar cómo se consume la música actualmente, por lo que disponemos de los auriculares ideales para optimizar la escucha en determinado dispositivo”, resume Cáceres.

“El CD está en franca baja, el vinilo es muy caro y elitista, pero, por ejemplo, hay disquerías enfocadas sólo en ese formato. Por ahí va todo, tenés que visualizar a tu consumidor, vivir una permanente retroalimentación para conocer sus intereses. Entonces, si no utilizás los medios digitales para relacionarte, vas muerto. En Lado B tenemos claro que nuestros clientes consumen web desde un dispositivo móvil y que tenemos que establecer un vínculo desde ahí”, añade Cáceres, cuyo emprendimiento camina mansamente a los 30 años de vida.

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Cambio de rumbo

“La vi venir porque yo personalmente me ocupaba de los análisis comparativos año a año”, confiesa a su turno Antonio Cobo, propietario de disquería Edén. “Cuando notamos que un lanzamiento fuerte pasó de 10 mil a cinco mil copias, comenzamos a reconfigurar el negocio partiendo de que teníamos una marca impuesta, somos creíbles y de que tenemos una buena imagen. Entonces reforzamos la venta de entradas, una actividad que comenzamos con La Falda ’83, y empezamos a trabajar con los accesorios al consumo de la música. Luego nos metimos con los instrumentos y nos nutrimos con accesorios de telefonía e informáticos”, suma Cobo, quien contribuyó a la sobrevida del CD convirtiendo a Edén en productor fonográfico. 1.100 títulos, entre ediciones de cuarteto y artistas independientes, fueron publicados por Edén como sello y distribuidora. “Pasaron 12 años desde Caiga quien caiga de La Barra. Desde entonces, grandes clientes del país reciben distribución y facturación de Edén. Empezamos con La Barra y se sumaron Jean Carlos, Sabroso y La Mona”.

Otro de los que resiste un contexto adverso es Pablo Falcione, titular de Pesadilla, disquería-rockería especializada en heavy metal que funciona en la galería Cinerama. “Comencé con el negocio hace 20 y pico de años como rockería. Vendía prendedores y remeras y al tiempo me metí con la venta de música. Y ya en la década de 1990 empecé a vender música más que ropa, una tendencia que se mantuvo hasta hace seis años, cuando las innovaciones tecnológicas nos fueron perjudicando”, revisa.

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“Pese a todo, tengo más stock de discos que de ropa y accesorios. Será que mi fanatismo hace que no me resigne. Sigo trayendo CD, a pesar de que las distribuidoras van claudicando. Tengo una clientela fija y amante del metal, muy fiel, que me permite repuntar cuando hay una seguidilla de lanzamientos”, redondea Falcione.

Buenas y malas

Un dato que surge del relevamiento por las disquerías del Centro es que, pese a todo, la venta de material tangible con información sonora se impone sobre las otras actividades desarrolladas para atenuar la caída del CD. En Lado B, en el primer semestre de 2017 la venta de formato físico representa el 52,27 por ciento de la facturación total. Y de ese porcentaje, el 35 por ciento corresponde a los CD, cuyo precio por unidad promedio llega a los $ 317,30. Los datos fueron acercados por Nahuel Cáceres, hijo de Palo, e incluyen las ventas por e-commerce.

Cobo llega a un número similar al de Cáceres, aunque no tan detallado: “Cuando empezamos como disquería en los ’80, el precepto era que todo lo editado por la industria nacional debía estar en nuestro negocio. Y logramos que la gente dijera ‘voy a Edén porque ahí lo consigo’. No hay un solo disco que no se piense en Edén. Y así le damos una vida más larga al CD, por más que las estadísticas del mundo ya lo den por muerto. Los mayores de 45 resisten la tecnología actual y, en nuestro caso, podemos decir que la venta de discos representa el 50 por ciento de la facturación”.

Menos entusiasta suena todavía Carlos Tetenian, encargado del tradicional Vértice Musical, cuya división “discos” funciona en San Martín 418. “Hemos anexado el local de venta de instrumentos y accesorios porque, de no haberlo hecho, el negocio era inviable. De la venta total de Vértice, los discos representan, con suerte, el 30 por ciento”, asegura.

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Un repliegue

En Córdoba, el stock de discos puede sufrir una retracción en los días que se vienen. ¿La razón? DBN, la máxima distribuidora del rubro en el país, está por cerrar su depósito oficina en Córdoba. Si bien no hay comunicación oficial, los pequeños comerciantes intuyen que tal repliegue se producirá en el corto plazo. “Será otro escenario, porque si DBN cierra como lugar físico, puedo tardar en disponer de material que me piden vía web desde el interior provincial y nacional, desde ciudades que no tienen disquerías”, se lamenta Falcione. “Se va a complicar un poco. No es lo mismo esperar que llegue el pedido de Buenos Aires a buscarlo a cuatro cuadras del local. Sobre todo, en épocas como Navidad”, diagnostica Cáceres.

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FUENTE: LaVoz / Por: Germán Arrascaeta

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