La música se siente de otra manera a través del disco de vinilo

Juan Otazu. Colecciona materiales exclusivos y raros en la discoteca que tiene en su casa. Una pasión que comenzó hace muchos años.

Comenzó a coleccionarlos cuando apenas era un adolescente. Hoy siguen siendo su gran pasión. El hecho de haber viajado por el mundo le abrió la puerta a una gran cantidad de discos de géneros que en la Argentina no existían.

El título que rezaba “El cielo puede esperar”, impreso en negro sobre un fondo rojo del disco de Attaque 77, fue una muestra, de 33 x 33, de lo que es la felicidad para Juan Otazu.

Transcurría 1991 y a sus 15 años era el acreedor de su primer vinilo, el inicio de un romance que se transformó en una búsqueda musical que lo llevó por todo el mundo.

Unos 880 discos de vinilo, ordenados alfabéticamente en una estantería en la sala de estar, resumen el paso por miles de disquerías en destinos tan disímiles como Europa y Japón. Con cierta nostalgia, Juan recuerda el constante transitar de discos musicalizando la cotidianidad de su hogar. Uno de sus tíos era el dueño de Rodando Discos, una mítica tienda musical que hizo historia en el centro neuquino entre los años 70 y 90.

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El mundo

Cuando en el 2000 decidió viajar a Europa, se abrió un nuevo mapa de oportunidades que Juan no dudó en aprovechar. Testimonio de eso es la preponderancia de hardcore punk que hay en su colección personal. La mayoría de esos discos no llegaban a Argentina en aquellos tiempos y, dada la importante producción en los Países Bajos, el Viejo Mundo tenía precios más que favorables para un incipiente coleccionista.

Un breve paso por Japón le bastó también para hacerse de una serie de discos en su momento censurados y de sellos al borde de la extinción. La calidad de las cajas hizo un aporte igual de agresivo y distorsionado que el punk editado en Japón.

Los extras de cada una de esas obras sumaron un valor agregado que sigue jugando fuerte a la hora de curar una obra de colección. Posters, listas de canciones e incluso páginas enteras de diarios con noticias ficticias hablaban de una época de gran producción artística que complementaba la obra musical con un criterio estético que las dimensiones físicas del disco compacto siguen sin soportar.

Joyas

Entre las piezas más preciadas de Juan, hay seis ediciones distintas del álbum The Clash, de la banda británica del mismo nombre, provenientes de Grecia, Inglaterra, Canadá, Estados Unidos (con dos canciones incluidas en un disco simple) y dos de Japón.

Por otra parte, guarda celosamente las 12 postales que estaban incluidas en una de las ediciones de Exile on Main St., de The Rolling Stones, que permanecen intactas y acompañan a un álbum que integra la lista de los mejores 500 de la historia de la música.

Material único

“No hay alternativas al vinilo”, sostiene el coleccionista para dar cuenta de una nueva industria musical que puso el acento en el boom del objeto pero no en la calidad musical. Según lo explica, los grandes sellos se sumaron a la “ola hispter” o “vintage”, pero no apuntan a mejorar los aspectos técnicos que no pasan desapercibidos a los oídos dedicados. Hoy el mercado ofrece canciones que suenan igual, sea en vinilo, flac o mp3.

El comercio de discos también cambió. Desde que dejaron de ser tan populares en los 90 y la gente se deshacía de ellos por migajas, después se transformaron en una búsqueda con pocas herramientas, y el trueque era una buena opción. Hoy, la búsqueda está a un clic de distancia y la felicidad se siente cuando baja la púa de la bandeja.

Y la adrenalina y la ansiedad van in crescendo cuando se le quita el papel celofán y se rompe la bolsa de nylon para ver por primera vez esa rueda mágica de vinilo que respira música por cada uno de sus surcos. Los materiales viejos siempre son buenos.

“No hay alternativas al vinilo. Los discos son únicos y completamente distintos”. Juan Otazu. Coleccionista

Un club de fanáticos que crece cada día más

Desde 2014, los fanáticos del vinilo tienen un espacio para encontrarse, intercambiar experiencias y, con suerte, algún disco. Son coleccionistas neuquinos que defienden a ultranza la escucha de una canción en las condiciones que merece.

El Club del Vinilo comenzó con una feria que reunió a una variedad inmensa de aficionados de la Patagonia norte y del sur de La Pampa y Buenos Aires. A partir de entonces, hicieron de lo esporádico un ritual y hoy pasan horas escuchando los discos que cada uno lleva para compartir. La quinta edición de la feria tendrá lugar el domingo 7 de mayo desde las 16 en el Club YPF de Neuquén. Además de ofrecer vinilos, los feriantes expondrán todo tipo de expresiones afines, como remeras, cassettes, libros y revistas. Con un bono contribución como entrada, el club intentará comprar equipamiento para salir a apoyar diferentes eventos culturales.

FUENTE: Lmneuquen.com

Nota realizada por: Sara Aedo (sarita.aedo@gmail.com)

Publicado por

Cultrade.com.ar

¡Comunidad de Coleccionistas. Queremos revalorizar objetos de culto y por eso creamos un sitio!

3 comentarios en “La música se siente de otra manera a través del disco de vinilo”

  1. Linda nota! Tengo el placer de haber conocido a Juan como varios de los integrantes del grupo de coleccionistas. Nadie mejor que él para explicar este fenómeno que sigue creciendo a pesar de los formatos digitales que promueve la industria en estas ultimas décadas. Saludos!!!

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